La avaricia no va con los casinos

El deseo desordenado de atesorar riquezas puede llevar al ser humano a traspasar los límites de la racionalidad, generando un caos en su ambiente tanto laboral, familiar, social y personal, que casi siempre termina en pérdidas, debido a la obsesión, la falta de control y la codicia. Además, para las casas de juego y los casinos la avaricia de los jugadores se convierte en una amenaza, ya que los pone en una situación de alerta, donde su estructura financiera y comercial se siente amenazada, al tiempo que la responsabilidad social de la industria del entretenimiento se ve fragmentada y vulnerada, alejándolos de los principios que conciernan a la comunidad.

La avaricia destruye a los jugadores

En la historia de los casinos han existido muchos jugadores que ha pulso han ganado grandes fortunas y las han sabido invertir, sin embargo, hay algunos otros que a causa de no reconocer el momento de detenerse y en muchas ocasiones hacer malas inversiones, han quedado en poco tiempo en situaciones más precarias que antes de coronarse como afortunados ganadores

El griego Archie Karas, es uno de los hombres famosos de los casinos por encontrarse entre los mejores y los peores, ya que  en la época de los noventa fue un afortunado ganador  que acumulo en corto tiempo 40 millones de euros en premios, jugando al póker, pero en poco tiempo, debido a la avaricia que le hacía creer que tenía  una suerte imparable y lo inmensurable de su conducta, aposto a los dados y al blackjack dejándolo en la ruina y en las páginas de la historia como uno de los desafortunados.

Terrence Watanabe, estadounidense de descendencia japonesa, es uno de los mejores ejemplos de que la avaricia no va con los casinos, ya que siendo un empresario reconocido y multimillonario quiso probar suerte en el juego después de vender la empresa. Lo que no le salió muy bien, porque en poco tiempo llego a perder en una noche hasta 5 millones de dólares, dejando perdidas hasta por 200 millones de dólares y grandes deudas, que desatarían demandas legales que terminarían en acuerdos y en una experiencia desafortunada en el juego.

El australiano Kerry Packer fue uno de los hombres más ricos del mundo y aunque su avaricia y excentricidades en el juego y en la vida no lo dejaron arruinado, es reconocido por perder más de 30 millones de dólares en algunas semanas en los casinos de Inglaterra, regalar grandes sumas de dinero en propinas. Además, hizo temblar las casas de juego de todo el mundo, compro su propio casino y reboso el techo de las apuestas de uno de los principales casinos de Mónaco.

Los psicólogos y terapeutas consideran que querer conseguir riquezas lleva al individuo a superarse, establecer metas y trabajar por ellas. Sin embargo, también explican que el afán de acaparar riquezas en una forma desmedida hace que los seres humanos pierdan el control de sus vidas, ya que se alejan del empoderamiento saludable, convirtiéndolos en seres egoístas, mal intencionados, arrogantes y llenos de infelicidad, ya que siempre quieren conseguir más en una forma patológica. La avaricia no va con los casinos por el impacto personal, familiar, social y corporativo que las actuaciones de los jugadores conllevan.