La ludopatía

Esta patología altera progresivamente el comportamiento, por lo que, el individuo experimenta una incontrolable necesidad de jugar sin importar las consecuencias. La Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría, la reconocen como una enfermedad. Aquellos juegos en los que transcurre poco tiempo entre la apuesta y recibir un premio: son juegos con una capacidad adictiva e inducen a la ludopatía. Explican los expertos que “el juego asociado a la ludopatía es el que tiene lugar en bingos, casinos y juegos online”. Dicen que: “el ludópata es como un drogodependiente, que necesita el juego y hace lo que sea por jugar, es decir, convierte el juego en una primera necesidad urgente”.

Cuando la persona pierde el control, comienza a generar la repetición de una acción que le produce una sensación placentera, su organismo libera endocrinas y dopamina que actúan como estimulantes y refuerzan su conducta patológica.

En concreto ninguna causa tiene relación directa con el trastorno de juego patológico, esta enfermedad se desarrolla en función de la predisposición y está muy relacionada con el entorno del individuo. Los factores de riesgo pueden ser genéticos, el entorno familiar y social, problemas psicológicos, afectaciones por la estructura del juego y la publicidad.

Al parecer la dotación genética tiene una gran influencia en la ludopatía, ya que se ha comprobado que cuando los padres son jugadores los hijos tienen mayor riesgo de ser ludópatas. Los hijos heredan una cierta propensión a ser adictos en caso de exponerse al juego.

El entorno familiar y social es el modelo de aprendizaje y ejemplo de los jóvenes. Cuando el juego se fomenta sin reglas, como un hábito normal, existe el riesgo de caer en el juego patológico.  Las amistades y grupos sociales pueden fomentar actividades que suponen un factor de riesgo.

Un individuo que está pasando por momentos de inestabilidad psicológica, problemas personales o sociales, puede convertirse fácilmente en ludópata, si busca escapar de la realidad refugiándose en el juego, este factor de riesgo lo llevaría a un hábito patológico.

La estructura de los juegos que pueden ser causa de ludopatía, tienen un componente adictivo ya que la repetición de una conducta que recibe una recompensa o genera expectativas de recibir un premio, como lo son el bingo, los juegos de casino, las máquinas tragaperras, son generadoras de comportamientos patológicos. Los juegos están asociados a momentos de ocio, de descanso o de disfrute y refuerzan el hábito y la acción de jugar, llegando a convertirse en una necesidad primordial.

En otros casos la publicidad constante refuerza que el juego puede ser la solución a problemas económicos u otro tipo de conflictos derivados de la escasez económica.

Se puede visibilizar con mucha facilidad el cambio que el juego produce en los hábitos y en la conducta de un individuo que inicia el período de autodestrucción; el abandono de la vida social y laboral, ya que el juego pasa a ocupar un lugar preponderante en la vida del jugador quien, de repente, es pasivo y reservado, acude frecuentemente al casino o apuesta constantemente por internet. El jugador comienza a presentar problemas económicos y recurre a la mentira para eludir su responsabilidad y esconder las consecuencias de su desorden patológico. Presenta trastornos de ansiedad y depresión: la necesidad de seguir apostando, muy a pesar del daño que le causa. Divaga para obtener fórmulas que le permitan ganar y así conseguir dinero para apostar.  Cuando el ludópata no tiene acceso al juego presenta trastornos de ansiedad. Por otro lado, el deterioro de sus relaciones familiares, los problemas económicos, la acumulación de mentiras que conlleva la enfermedad, pueden producir depresión.

La ludopatía y la necesidad constante de jugar, deriva en cambios en la personalidad y produce cambios en la conducta, como falta de comunicación, irritabilidad e, incluso, agresividad.

Deben combinarse distintos tipos de terapias para mejorar las posibilidades de éxito en el tratamiento. La terapia farmacológica es de mucha utilidad, los medicamentos ayudan a mermar los impulsos y a regular la conducta. Los fármacos deben acompañarse de una psicoterapia individual, para reforzar la conducta positiva. El ludópata debe reconocer su problema y querer resolverlo. La implicación familiar y del entorno cumplen un papel importante, ayudando a establecer un control externo: restringir el uso del dinero, el acompañamiento constante, la distracción y las demostraciones de afecto, le ayudarán al ludópata a reforzar la autoestima y las habilidades sociales.

En la sociedad, el juego forma parte de la cotidianidad y es aceptado. La principal clave para controlar la ludopatía es estableciendo un límite, para que el juego sea una actividad sana de ocio y diversión; se hace necesario mantener una vida ocupada, establecer canales de comunicación y de información constantes.